La fecha del domingo 11 del actual quedará indeleble en la historia de esta religiosa Villa. En ella la patrona celestial de sus hijos ha sido coronada por el Excmo. Sr. Arzobispo de Valladolid, Dr. D. José García Goldáraz, con extraordinaria solemnidad litúrgica y con marco de indescriptible fervor de los hijos de Pedrajas e innumerables concurrentes de fuera.
La piadosa idea de esta Coronación, nacida al calor del cordialísimo amor de los Pedrajeros a su Madre, fue poco a poco germinando y concretándose con la aprobación y paternal bendición del Excmo. Prelado, que desde el primer momento de conocerla prometió apoyarla y realizarla en persona, como lo acaba de cumplir.
La comisión organizadora, presidida por el celoso Párroco D. Victoriano Román, el activo alcalde D. Eusebio Martín y valiosos elementos de entidades oficiales y asociaciones piadosas, inició sus tareas de propaganda en el pueblo y además ante los hijos de la Villa ausentes, y sus trabajos han logrado el más lisonjero éxito, con su cooperación material para la preciosa corona y espiritual a los actos de preparación y ejecución.
Como preparación próxima para la solemnidad, se practicaron unos Ejercicios Espirituales-Misión, dirigida por Reverendos Padres Jesuitas, y durante todos ellos los feligreses han rivalizado en asiduidad y fervor ante la Sagrada Imagen llevada desde su ermita a la Iglesia Parroquial para presidirlos.
El día 12, término de la preparación espiritual, se inició con numerosísima Comunión general en la que participaron millares de fieles y ésta fue la aurora espiritual de esta fiesta.
Con exacta puntualidad llegaron al pueblo el Excmo. Sr. Arzobispo, M.I. Sres. Capitulares para la asistencia de la Mesa Pontifical, el Seminario Mayor Diocesano, a cuyo cargo corría el cantar la Misa, Sacerdotes de los pueblos comarcanos para ayudar en los actos piadosos, siendo de notar la presencia de Rvdos. hijos de Pedrajas que hasta de diócesis apartadas, donde ejercen sus sagrados ministerios, han venido a honrar a su madre la Virgen de Sacedón.
Con plausible ejemplo de piedad y civismo asisten también los Excmos. Sres. Gobernador Civil D. Antonio Ruiz-Ocaña Ramiro, Presidente de la Diputación Provincial, D. Emiliano Berzosa, Coronel Gálvez, en representación del Capitán General, alcalde de Valladolid, D. José Luis Gutiérrez Semprún, Delegado del Trabajo, Inspectores Provinciales de Enseñanza, Ingenieros Provinciales y Alcaldes de los pueblos limítrofes.
En los límites del término municipal aguardaban a los distinguidos viajeros las autoridades locales y numerosos hijos del pueblo. Vistosa cabalgata de jinetes en briosos corceles y portando las banderas española, Pontificia, del Movimiento, de Acción Católica y de la Congregación de Hijas de María, dieron lucida escolta a la comitiva hasta la entrada de Pedrajas, donde aguardaba la ingente masa, en la que destacaba los niños y niñas de las Escuelas con banderitas, Asociaciones piadosas, entidades, etc.
Vistoso arco ofrecía paso y saludo a los expedicionarios, acogidos con clamorosa ovación al Rmo. Prelado y autoridades.
Interesante número fue el ejecutado por una danza, típicamente vestida con el traje segoviano, de Fuentepelayo (Segovia), quienes al son de la clásica dulzaina y tamboril ejecutaron diestramente difíciles bailes y paloteos, y arcos humanos de complicado equilibrio, que merecieron calurosos aplausos de todos los espectadores.
A través de las engalanadas calles y entre la compacta muchedumbre, el Prelado y comitiva llegaron a la Iglesia Parroquial, donde se revistió el Prelado y oficiantes en el Pontifical. La Sagrada Imagen fue bajada del trono desde el que había presidido el Novenario y a hombros de garridos mozos se emprendió el camino de la Plaza Mayor, donde se había preparado amplio estrado para la Misa, en el frontón de la Casa Consistorial, que preside la espaciosa plaza rebosante de público.
En este tránsito se redoblaron las fervorosas aclamaciones a la Virgen de Sacedón y colocada en lo alto del altar portátil, dio principio la Misa Pontifical, asistiendo al Prelado capitulares de la Metropolitana, Párrocos de los contornos y Seminaristas; la misa fue magistralmente cantada por la Schola Cantorum del Seminario, a la que daba refuerzo la perfecta instalación de altavoces.
Las autoridades provinciales, locales, así como de los pueblos limítrofes, ocuparon sitios preferentes, y la numerosa multitud se apiñaba en el ámbito, ocupaba balcones y no quedaba un solo espacio libre.
Al Evangelio el M. I. Sr. D. Marcelo González, canónigo de la S. I. Metropolitana, pronunció oportunísima y emocionante oración Sagrada, haciendo resaltar lo que era y simbolizaba la ceremonia de la Coronación, especialmente para los hijos de Pedrajas de San Esteban, terminando con patéticas peticiones de promesas de fidelidad hechas a la Virgen de Sacedón, que fueron con unánime clamor contestadas por los feligreses.
Acabada la Santa Misa, el Rvdmo. Prelado procedió a la Bendición de la hermosa corona, que le fue presentada por el Alcalde don Eusebio Martín, y seguidamente S.E. Rvdma. y éste subieron ante la Imagen y colocaron a la Madre y al Niño las coronas atributos de su Realeza.
Este fue el momento culminante de la ceremonia: la banda de música entonó briosamente el Himno Nacional, casi apagado por las millares de voces aclamando a la celestial Patrona; con delicado rasgo de piedad y belleza fueron soltadas bandadas de palomas, que por unos momentos revolotearon en torno de la Sagrada Imagen, como mensajeras en este nuevo triunfo.
Inmediatamente el Sr. Alcalde, con vibrante entonación, que impresionó a todos, dijo el hermosísimo acto de la consagración de la Villa a su Madre de Sacedón, acto que fue rubricado por los fieles con fervorosas aclamaciones y aplausos.
Reintegrada la Sagrada Imagen a la iglesia luciendo la bella corona, entre la compacta muchedumbre que aclamaba y aplaudía, terminó de este magnífico modo la primera parte de tan sagrada ceremonia y se dio cita a los fieles para la tarde, en que había de ser bajada a su ermita.
Con exacta puntualidad se inició este acto, con no menos concurso y fervor que el de la mañana, y llevada la Imagen a la Plaza, desfiló ante ella un magnífico y delicado conjunto de cuadros plásticos, los Misterios Gozosos del Santo Rosario, desempeñados con admirable propiedad por niñas, llevadas sobre plataformas, y que arrancaron clamorosas ovaciones; en las afueras del pueblo fue despedida la Sagrada Imagen.
Iniciada la marcha a la ermita, Prelado y autoridades y numerosos fieles la acompañaron hasta allí; en el sagrado recinto se cantó la Salve final de despedida, con ecos de profunda devoción y allí quedó prendido el afecto de los naturales y de los visitantes.
Como digno marco de aquel cuadro resaltó e impresionó a los forasteros la bellísima campiña de las márgenes del Eresma, poblada de pinos seculares, sauces que dan el nombre al lugar y variadas especies de árboles que hacen un frondoso paraíso de verdor y belleza.
Con pena nos despedimos de tan memorable fecha, quedando como gallardete ondeante sobre la fiesta aquella sentencia de la Sagrada Escritura: "Días son estos que ningún olvido podrá borrar de nuestros corazones".
Boletín Oficial Eclesiástico del Arzobispado de Valladolid, nº 7, 17 de mayo de 1958, págs. 134-137.